Ahora ya no hay dudas, está claro.
Mi hogar está allí donde sea feliz, plenamente feliz. Esa era mi meta cuando comencé mi camino: tener la mayor cantidad de momentos felices. Y sé dónde puedo tenerlos.
Como siempre, haré una lista de las cosas que tengo que llevarme en mi viaje:
 
– el despertador de ilusiones que tengo en mi mesita,
– el cepillo para desenredar malos pensamientos y dudas,
– el lápiz para pintar labios que dan besos dulces y mojaditos,
– la crema para dar caricias por todo el cuerpo,
– pañuelos que enjuguen lágrimas de alegría,
– un libro en blanco donde describir momentos inolvidables,
– la colonia para perfumar mis rincones,
– zapatos para recorrer la multitud de kilómetros por descubrir,
– unas velas para consumir en noches eternas,
– las gafas de sol para contemplar amaneceres,
– grageas de alas de mariposa,
– mapas de carreteras que indican rincones donde el silencio se oye.
 
                                                                              DAMI
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